El ser humano se elevó contra la gravedad hace miles de años. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Franck Maze   
Domingo, 13 de Julio de 2014 13:05

La postura humano en bipedestación es un fenómeno fundamental de la evolución de los homínidos. Las adaptaciones estructurales a lo largo de toda la evolución pueden ser estudiadas en los restos óseos de nuestros ancestros pertenecientes a diferentes periodos (desde los Australopithecus anamensis hasta al hombre actual).

Comenzamos presentando una recopilación de los cambios estructurales relacionado con el estado de bipedestación:

- evolución de la pirámide podal:

Según Y. Coppens el Australopithecus tiene un pie plano con apoyo en varo y el dedo gordo en abducción. Asimismo las extremidades de sus pies poseen falanges cortas. Con esta descripción parece poco probable que la posición ortostática fuese cómoda para él. El varo del pie obliga al astrágalo a ponerse en varo y a aumentar su polígono de sustentación para evitar la caída. El pie plano valgiza el astrágalo: eso supone para el astrágalo estar sometido a muchas fuerzas contradictorias que sólo un estado dinámico del pie podía permitirle compensar.

- evolución de la articulación de la rodilla:

El Australopithecus afarensis es bípedo y arborícola con la consiguiente inestabilidad de las articulaciones de la rodilla y del tobillo. Al comparar el esqueleto de “Lucy” con los chimpancés notamos que el platillo tibial es más ancho, como un “plato”, y eso es un indicio suplementario de la bípedia: esta forma de rodilla no existe en los cuadrúpedos. Además en la adaptación de los homínidos a la posición erecta, se observa una aproximación de las espinas tibiales entre ellas, un aumento de la convexidad de la glena femoral externa de las rodillas y un aumento del número de inserciones de los meniscos.

- evolución en la oblicuidad del fémur:

La oblicuidad del fémur está determinada por el ángulo de inclinación de la diafisis femoral respeto al cuello femoral. este ángulo tiene un rango de variación entre 125-130º en la especie actual. En los restos descubiertos por B. Latimer (tipo Orrorin) este ángulo es de 120º. Una oblicuidad del fémur de 120º puede comparase con una articulación de la cadera en coxavara. este tipo de articulación aporta una mayor estabilidad pero limita la longitud del paso en la marcha. El Australopithecus debía efectuar una rotación de la pelvis y de los hombros alrededor del eje vertebral para acercar la línea de gravedad del miembro inferior a la rodilla en apoyo. Los movimientos de rotación eran obtenidos también por un balanceo fuerte de los miembros superiores alrededor de un tórax largo y ancho. Coppens ha estimado en 50-60º esta rotación para cada cadera, mientras que en la especie actual es de 4º.

- adaptación de la pelvis al ortostátismo:

La pelvis de nuestros ancestros reposa en su conjunto de manera peculiar sobre la articulación coxofemoral que lleva el peso como una rótula de apoyo. En el caso del chimpancé, la pelvis es más estrecha y más alargada. En los restos de “Lucy” (hace 3.180.000 años) se observa que su pelvis es ancha y no muy alta, con el fémur en genuvalgo, lo cual indica que era capaz de un cierto grado de locomoción en bipedestación.

La anchura de la pelvis del Australopithecus afarensis es mayor que la del ser humano actual, dando a entender que nuestro ancestro invertía más energía en su marcha bípeda. Por otro lado, el isquion del Australopithecus era relativamente más largo que en el hombre moderno, de forma que su pierna no podía extenderse completamente en el paso posterior de una larga zancada. Además, el glúteo medio y el inferior, que en el hombre actual evitan la caída lateral en apoyo unipodal, actuaban probablemente en los Australopithecus como músculos extensores de la pierna. Una de las funciones de la pelvis es adaptar las fuerzas ascendentes (reacción del suelo) con las descendentes (acción gravitatoria). la contra-rotación fisiológica de los iliacos (rotaciones invertidas de los dos huesos iliacos) adapta la inclinación de la base del sacro con las contracciones musculares tónicas de los miembros inferiores. Si nuestro ancestro no poseía una lordosis suficiente, este movimiento no le era posible y como consecuencia estaba obligado a inclinar hacia delante su cuerpo al deambular. La bipedia ha disminuido también la distancia entre las articulaciones sacroiliacas y las coxofemorales por razones de presiones ponderales sobre las paredes pélvicas y sobre las caderas.

- desarollo del glúteo:

La bipedia provoca el aumento significativo de un músculo en particular: el gluteus maximus. El hombre es el mamífero que presenta el músculo glúteo más importante. El gluteus maximus es un músculo espeso y fasciculado, se inserta en la parte dorsal del ileón, del borde lateral del sacro y se termina en la parte proximal de la diafisis femoral. el pequeño tamaño de esta inserción sobre la pelvis del Australopithecus hace pensar que la musculatura de su glúteo era similar a la de los panídeos y que por tanto la postura bípeda era de difícil ejecución para él. Se necesitan cambios muy drásticos del miembro inferior para producir la postura erecta completa. El glúteo se transforma de abductor a extensor de la cadera, proporcionando el soporte necesario para levantar el tronco hasta su posición erecta. La posición nueva del glúteo mínimo y medio permite a la pelvis quedarse más estable cuando una pierna se pone en apoyo unipodal. El impulso propulsor ya no es producido por los tendones de la corva del muslo actuando como retractores de la cadera, como ocurre en los cuadrúpedos, sino por los extensores de la rodilla (cuadriceps) y del tobillo (músculo de la pantorilla). de hecho, todo el sistema rítmico de balanceo por medio de desplazamiento de las piernas parece ser diferentes entre los animales de postura bípeda y los cuadrúpedos.

- aparición de la lordosis lumbar y cervical:

La columna del hombre actual presenta dos curvas lordóticas (lumbar y cervical) y dos curvas cifóticas (sacra y dorsal), mientras que en la columna de los primates observamos una curva lumbar no lordótica y una curva cervical lordótica. La asociación de la lordosis y la cifosis en el caso del hombre permite amortiguar mejor los golpes y tensiones causados por la marcha. De perfil, la línea de gravedad en el hombre actual pasa por el tragus de la oreja, la mitad del hombre y por delante de la articulación tibiotarsiana. En el hombre de neandertal se suele representar caminando encorvado hacia adelante y arrastrando los pies, aunque en realidad no existen razones que justifiquen esta representación.

- aparición de la lordosis lumbar es una estrategia de adaptación clave para la adaptación al estado de bipedestación. La curva lombosacra en lordosis permite el equilibro del tronco encima de los miembros inferiores.

- una de las características de la verticalidad de la bípedia es que la angulación del odontoides de la 2º cervical es responsable de la lordosis de la columna vertebral cervical. En los humanos actuales el atlas (1º cervical) es erecta sobre el diente de la 2º cervical y en los chimpancés la 1º cervical está inclinado sobre el axís (2º cervical).

- evolución de la base del cráneo:

la base del cráneo está constituido por los huesos: occipital, esfenoides y temporales. esta en continuidad delante con el esqueleto de la cara y hacia abajo con el cuello. El hueso occipital, hueso de transición entre la cabeza y el raquis, tiene los acracteres de un hueso plano del cráneo, pero conserva los caracteres vertebrales con el agujero vertebral (foramen magno) con sus dos superficies articulares a los lados. En los cúadrupedos, el agujero occipital está hacia atrás de la cabeza, en la prolongación de la columna vertebral. A medida que el homínido es bípedo, nos encontramos que el foramen magno se encuntra más en el centro, por debajo del cráneo. el ancestro humano al no tener el agujero occipital totalmente horizontal no podía tener liberado, de forma permanente, el movimiento conjunto de los glóbulos oculares con los músculos suboccipiatles que estabiliza la imagen visual sobre la retina. la aparición de las articulaciones uncovertebrales ha permitido al humano mantener la cabeza en un plano horizontal cuando la gira, limitando las necesidades de adaptación cervical tanto en energía como en amplitud.

- modificación de la inclinación del cuerpo del esfenoides:

El hueso esfenoides, situado en el centro del cráneo, juega un papel importante en la evolución de nuestra especie, y en particular en la postura erecta y en la bipedia. Hace 60 millones de años los prosimios presentaban un esfenoides plano. Este ángulo o doblamiento en el cuerpo del esfenoides continúa aumentando en los grandes simios (hace 20 millones de años). sigue haciéndolo en los Australopithecus (hace 6 millones de años), en el género Homo (hace 2 millones de años), momento en el que la bipedia está establecida y en la especie Homo sapiens (hace 150.000 años). El hueso esfenoides se encuentra próximo a las áeras encargadas de la locomoción, por lo que la evolución de su estructura puede estar ligada al desarollo de la postura erecta.

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